Como ya se ha mencionado en el breve resumen histórico, el actual director, Jef Cornelissen, asume en 1980 la gestión de la Fábrica de Cerveza Sint-Jozef. Como su abuelo Jaak, está “infectado” con el auténtico microbio cervecero.
Está totalmente convencido de que estancarse es retroceder. Hay que invertir por tanto en máquinas modernas, técnicas y edificios pero sin tocar la consagrada tradición cervecera. Lo primero que se adquiere es una nueva línea de embotellado. A ésta, una vez que está en servicio, le sigue en dos fases una sala de fermentación completamente nueva. Allí se colocarán nada menos que 9 tanques cilindrocónicos, cada uno con una capacidad de 50.000 litros. Al mismo tiempo que la fermentación se construye un nuevo almacén anexo.
De las botellas a los barriles pasando por la fermentación. También la antigua línea de barriles es sustituida por una nueva línea totalmente automatizada. En 1995 le toca a la sala de reposo (lagering). Se colocan veintidós nuevos tanques de reposo (lagering) en un nuevísimo edificio completamente climatizado. Y junto a la sala de reposo también se renueva y acomoda la zona de filtración.
Junto a esta renovación a fondo de equipo y máquinas el cuidado del medioambiente pasa a ocupar una parte importante del plan de inversiones. Así, el flujo de aguas residuales se separa. Las aguas residuales industriales, el agua de lluvia y las aguas residuales domésticas son drenadas en canales separados. Además se planta una barrera verde y se hace todo lo posible para evitar posibles molestias producidas por los olores y por el ruido. La fábrica de cerveza le da mucha importancia a tener su sede, como empresa industrial y artesanal, en el núcleo residencial. Tiene que ser posible formar un conjunto armonioso junto con los habitantes. Una fábrica de cerveza se encuentra según la antigua tradición “en el pueblo”.
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